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Guía de ingredientes·5 min de lectura

5 ingredientes que preferimos evitar en nuestros productos de limpieza

No se trata de alarmar. Se trata de entender qué hay en lo que usas y decidir con información.

Cuando empezamos a leer las etiquetas de los productos de limpieza que teníamos en casa, nos encontramos con nombres que no reconocíamos. No necesariamente porque fueran peligrosos, sino porque nunca nadie nos había explicado qué hacían ahí.

Decidimos investigar. No desde el miedo, sino desde la curiosidad. Y lo que encontramos nos llevó a formular nuestros propios productos con alternativas más claras.

Aquí te compartimos 5 ingredientes que preferimos no usar y por qué.

1. Triclosán

El triclosán es un agente antibacterial que se usó durante décadas en jabones, pastas de diente y productos de limpieza. En 2016, la FDA de Estados Unidos prohibió su uso en jabones de manos por falta de evidencia de que sea más efectivo que el jabón normal, y por preocupaciones sobre resistencia bacteriana y alteración hormonal.

En México no está prohibido. Puedes encontrarlo todavía en algunos productos de limpieza doméstica.

Alternativa que usamos: Agua, jabón de castilla y vinagre blanco son suficientes para limpiar la mayoría de superficies del hogar.

2. Fragancias sintéticas (parfum)

La palabra "fragancia" o "parfum" en una etiqueta puede esconder decenas o cientos de compuestos químicos distintos, protegidos como secreto industrial. Algunos de esos compuestos son ftalatos, que se asocian con disrupción hormonal.

El problema no es el olor agradable. El problema es la opacidad.

Alternativa que usamos: Aceites esenciales con nombre completo en la etiqueta. Si dice "aceite esencial de lavanda" sabes exactamente qué es.

3. Lauril sulfato de sodio (SLS) en altas concentraciones

El SLS es un surfactante muy efectivo y muy irritante. En concentraciones altas puede alterar la barrera de piel y mucosas. No es un ingrediente malo per se, pero su concentración importa y rara vez se especifica en productos de limpieza doméstica.

Lo que hacemos: Usarlo solo en concentraciones bajas o sustituirlo por decil glucósido, un surfactante derivado de glucosa y alcohol de coco, más suave con superficies y piel.

4. Amoniaco

El amoniaco es un limpiador poderoso, especialmente para vidrios y metales. El problema es su volatilidad: genera vapores que irritan vías respiratorias, especialmente en espacios cerrados o mal ventilados.

Mezclado accidentalmente con cloro produce gases cloroaminas, que son tóxicos. Es un error fácil de cometer si no sabes qué contiene cada producto.

Alternativa que usamos: Alcohol isopropílico al 70% o vinagre blanco diluido para la mayoría de superficies que el amoniaco limpia bien.

5. Colorantes artificiales

Los colorantes no limpian nada. Están ahí para hacer el producto visualmente atractivo. Algunos colorantes sintéticos son derivados del petróleo y hay investigaciones que los vinculan con sensibilización en piel.

El punto más simple: si un ingrediente no hace nada funcional y tiene riesgo aunque sea pequeño, preferimos no usarlo.


Lo que no te estamos diciendo: que los productos convencionales te van a enfermar ni que tienes que tirar todo lo que tienes hoy.

Lo que sí te decimos: leer etiquetas es un hábito que vale la pena desarrollar. Y nosotros tratamos de hacer productos donde esa lectura sea sencilla.